
AQUEL DIA QUE LLEGUE AL CEMENTERIO CENTRAL
Después de aquella noticia tan dolorosa que me dio mi jefe, se me enlagunaron los ojos de lagrimas, me dio mucha tristeza y a la vez rabia, se me hizo un nudo en la garganta, di media vuelta tome algunas cosas y salí de aquel lugar tan pronto como pude.
No sé como describir la rara sensación que me abarcaba en esos momentos, pasaron unos minutos y supe que tenia que tomar un bus que me condujera al Cementerio Central, aquel nombre resonaba en mi pensamiento y me amargaba a lo largo del recorrido, “Cementerio Central, Cementerio Central, Cementerio...” fue tanta la desorientación que en algún momento me di cuenta que me había pasado unas cuantas cuadras de aquel terrorífico lugar. Cuando me baje del bus, camine por la calle 26 hasta allí, recuerdo que el día era opaco y empezaban a caer con más fuerza las gotas de lluvia que minutos antes, golpeaban la ventana del bus en el que me trasladaba; pareciera que aquellas gotas quisieran reflejar la tristeza, no solamente del día, sino de mi estado anímico.
Camino al cementerio pensaba en mi familia y en lo mucho que la quiero, la lluvia acariciaba mi rostro mientras se confundía con unas cuantas lagrimas que dejaba salir de mis ojos, sentía que la gente me miraba y hasta la escultura de botero pareciera cobrar vida y observarme, además el hilo de agua albergaba más lluvia de lo acostumbrado, esto sucedía justo cuando pasaba junto al parque del Renacimiento, aquel que daba testimonio del cambio positivo de la ciudad, en cambio mi vida también se precipitaba en un cambio extremo, pero que en vez de alegrarme tan solo me acercaba a la penumbra.
Paso a paso me avecinaba a la entrada principal del cementerio y poco a poco iba levantando mi mirada triste y perdida, pensaba si había alguna manera de evitar llegar a éste lugar, recuerdo muy claro ese día, cuando pase por el sector comercial del cementerio tan solo podía ver imágenes como si fiuera la secuencia de una película, pareciera que me estuviera acercando a mi muerte, pues sentía que mi cuerpo había dejado de tener cierta comunicación con mi cerebro, en ese momento los sonidos dejaron de sonar, solo veía imágenes de gente llorando, flores, estatuillas y lapidas recuerdo la mirada compasiva de un anciano como de aproximadamente 75 años de edad, estaba dentro de un local tallando una figura de un divino niño y junto a ésta imagen estaba la de la virgen Maria, me sentía observado incluso por las imágenes que parecían tan impotentes ante mi desgracia, luego volvía a escuchar el entorno cuando una mujer de un local continuo, al del hombre se me acerco y me ofreció unas flores para la venta, aparentaba ser una mujer sin corazón, como si no se pudiera dar cuenta de mi aflicción, pensé que era un ser despreciable, sin sentimientos.
Sigo caminando sin cruzar palabras con ella y en medio de todo alzo la mirada y veo la forma elíptica del cementerio cuyo simbolismo es la ascensión de las almas, me abro camino y entrando allí, pregunto por el gerente de aquel lugar, un vigilante quien viste de la misma manera como yo visto me da la información necesaria para llegar a su despacho. Ha sido muy amable, no se ha rehusado a darme la información, quizás por que somos colegas de profesión. Fue tan rápida mi salida de la empresa que no tuve tiempo de cambiarme. Igual no hubiera sido necesario.
En medio de mi recorrido por el cementerio de los ricos ó “globo a, como le llaman”, pensaba si fuera posible que un ideólogo o político se pudiera levantar y librarme de la tristeza que me invadía pero ni Santander, ni Virgilio Barco, ni López Michelsen, ni Carlos Pizarro ni siquiera Luis Carlos Galán Sarmiento quien decía estar a favor de los más vulnerables lo hizo, tampoco Rafael Pombo, podía alegrarme con uno de sus poemas.
Finalmente antes de llegar hasta el despacho del gerente vi a personas muy acongojadas por la perdida de un ser querido, entonces me di cuenta que lo que yo estaba viviendo no podía ser tan grave como lo pensaba.
La oficina de este gerente esta a pocos metros de donde me encuentro pero en tan poca longitud mis ojos siguen captando imágenes de acontecimientos que suceden, veo operarios de un lado a otro unos con overoles y otros haciendo las labores del aseo, al fondo se escucha el canto de un grupo de mariachis y en medio del llanto lejano, unos dos o tres tiros suenan también, algunos colegas van apresuradamente hacia el lugar de donde al parecer se proporcionaron los tiros al aire, mientras por sus radios dan aviso a la policía; grupos de mujeres comienzan a rezar mientras un viejo se para lentamente de su silla y corre una mesa con mantel blanco, para dar paso a un escalerista que necesita limpiar una lapida y poner en ella flores.
Mi mente esta confundida y saturada de imágenes y sonidos pareciera que estuviera viviendo una película, pues todo es tan repentino y nada parece real, trato de relajarme y toco a la puerta de la administración del cementerio, pregunto por el gerente, pero la señorita auxiliar, me dice que don Hernán Ortega se encuentra muy ocupado, entonces me invita a seguir a la oficina del señor Carlos Ríos, administrador del lugar, un hombre que al verme me pregunto ¿que le pasa? Yo no pude contestar en el instante, el volvió a interrogarme ¿perdió un familiar? ¿Necesita que le ayude con algún descuento o algo así? No no he perdido ningún familiar, aunque si e estado pensando mucho en mi familia. ¿entonces por que refleja su rostro tanta angustia? Yo le conteste así: Don Carlos esta mañana mi jefe me dio una noticia que me ha cambiado la vida, el me dijo que partir de la fecha yo iba a trabajar en este lugar hasta que transcurra un tiempo. Entonces el me dijo lo siguiente: tranquilo hombre este lugar como usted le dice es tan solo como una ciudad más, aquí va a encontrar seguramente más tranquilidad que en el lugar donde trabajaba antes. Así iniciamos una conversación con don Carlos un hombre con alrededor de cuarenta años de edad quien detrás de un marco de gafas, refleja la mirada de una persona amigable la cual me hizo entender que aquella tragedia que yo me estaba formando en la cabeza, era tan solo un evento circunstancial, luego de terminada la charla me llevo por cada uno de los rincones del cementerio y me contó las historias que se tejen alrededor de él.
Descansé dos días después de esto y luego inicie con el turno de día de 06:00 a.m. a 06:00 p.m., la primera semana y luego en la noche, no puedo negar que los primeros días y noches, tuve un poco de miedo pero ahora la paso muy bien, aquí he aprendido mucho de historia y ahora rió con toda esa película que me monte el día en que llegue a este lugar, ahora tomo el mismo camino y ya no me parece tan eterno como aquel día, conozco a cada una de las personas que describí inicialmente en este texto e igualmente los lugares y de todo esto les puedo contar lo siguiente.
El parque el renacimiento o globo “c” es el lugar en que más me gusta prestar mi servicio de vigilancia, a veces cuando no tengo turno allí, voy sin embargo a almorzar, pues es muy tranquilo y me gusta ver el hilo de agua y la escultura de botero a muchos nos agrada este lugar, aunque por ejemplo a don Gabriel Maldonado el anciano que se encontraba en un local y a quien describo como de más o menos 75 años de edad que estaba tallando la figura del divino niño aquel día terrible de mi vida, la construcción de aquel parque lo afecto en gran manera pues el asegura que las ventas se bajaron y no le alcanza para sostener a su esposa e hijos.
De la mujer que se me acerco a vender flores, y que yo describía como sin corazón les puedo contar que su nombre es Gilma Cortés, y en ella se esconde una gran persona.
Aquel hombre de la mesa con mantel blanco, es Jaime Gaitán de 83 años de edad, quien contratado hace 15 años por unos curas del cementerio programa misas y a pesar de permanecer la mayoría del tiempo sentado esto no ha sido inconveniente para su salud.
El escalerista que limpiaba tumbas y ponía flores se llama Wilson Puentes y trabaja allí hace aproximadamente 25 años, dice que cobra 1000 pesos por lavar cada lapida y poner flores. Gana aproximadamente entre 10.000 y 13.000 pesos diarios, es trabajador indirecto del cementerio y con esto sostiene a su familia.
Ahora sé que el cementerio cuenta con un gerente general un gerente administrativo, un supervisor dos auxiliares 13 operarios, doce vigilantes y muchas personas que se benefician indirectamente, también sé que se deben seguir rigurosos procesos administrativos y de cuidados con los cadáveres y que en ocasiones los entes gubernamentales como la fiscalía. Policía, C.T.I, y Medicina legal entre otros, también se tienen que hacer presentes en algunas ocasiones. Bueno esto es parte de la historia de los vivos, de los muertos aparte de los lideres políticos e ideólogos también se habla de por ejemplo de dos niñas gemelas que conceden deseos al igual que un hombre llamado Leo Sieggfried Koop, (1858-1927) un ciudadano alemán a quien le hicieron un monumento en bronce y quien fuese uno de los fundadores de la Empresa Bavaria y el barrio La Perseverancia.
En fin son muchas las historias que se tejen alrededor de este cementerio creado en el siglo XVIII y consagrado como monumento histórico. De seguro de todas estas historias y muchas más, se podría hacer un libro entero. Lo cierto es que a pesar de cómo comenzó mi labor en este lugar ya llevo cerca de 2 años y hoy en día estoy muy a gusto aquí.
Esta es mi historia, soy un vigilante como cualquier otro y mi nombre es Jesús Lancheros.
ANDRÉS SARMIENTO BERNAL.
Agradezco al profesor Mauricio Lievano y a todos mis compañeros quienes gracias a su labor periodística, pudieron aportar a la construcción de esta pequeña historia.